miércoles, 18 de julio de 2012

AMIA - Ni colorín ni colorado

NI COLORIN NI COLORADO:

A.M.I.A: Historia de la impunidad en Argentina.

“En el País del no me acuerdo,

doy tres pasitos y me pierdo…”

M.E. Walsh



No puedo dejar de pensar en Sebastián. Hoy tendría 23 años y seguramente se habría convertido en el hombre que su familia soñó que fuera. Trabajaría, estudiaría, tal vez recordaría, cuando chico, las mañanas en que iba de la mano de mamá, caminando por la ciudad de Buenos Aires.

Me pregunto cómo habrá pasado el día anterior al del atentado. Tal vez fue al parque a pasear o a tomar sol y jugar en la plaza. Tal vez se quedó en casa aprendiendo las primeras letras o los primeros números, haciendo algún dibujito para regalárselo después a su mamá, resguardándose del frío de julio, esperando ansioso, como todos los chicos de su edad, a que comiencen las clases, para poder volver a compartir otra jornada de juegos y diversiones en el preescolar.

A esa edad, en la que toda la vida alcanza con los dedos de una mano, se formulan las famosas preguntas del “porqué”. Son de las más insólitas y dan trabajo contestarlas, dado que generalmente nosotros, los grandes, tenemos a esos temas por sobreentendidos: porqué no conocemos a todas las personas; porqué las vacas dan la leche, porqué sale el sol de día y la luna de noche; porqué vas a trabajar todos los días; porqué todavía no es mi cumpleaños…

Tengo otros interrogantes, aunque estos no muevan a risa: Porqué no encontró su madre con quien dejarlo ese día, porqué no fue sola al médico, porqué no tomaron por otra calle, porqué no pasaron un rato antes o después o por la vereda de en frente aunque sea. Porqué no estaban al menos a una cuadra de distancia. Tal vez, de esa forma, podría haberse salvado.

Pero no fue así. Sebastián y su mamá, Rosa Barreiro, estaban justo ahí, al alcance de la bomba asesina, criminal, despiadada, la que luego encontró secuaces en la Justicia, en el Gobierno, en el olvido, que hizo explotar el edificio de la AMIA, el lunes 18 de julio de 1994, a las 9:53 hs. A.M.

Qué pensaría Sebastián, ya de grande, del presidente Menem o de los presidentes Duhalde, Kirchner y Fernández; del juez Galeano, de Beraja, de la quiebra del Banco Mayo o del fiscal Nismann.

Qué pensaría de la SIDE, del Mossad y de las presiones internacionales israelíes y norteamericanas.

¿Sebastián habría creído la teoría oficial de la Trafic blanca?

Todas conjeturas desentrañables, dado que su corta vida quedó truncada aquella fatídica y fría mañana de julio y su cuerpito de 5 años, tendido entre los escombros.

El atentado a la AMIA resulta un paradigma de la desmemoria argentina. La retórica política (lo políticamente correcto en estos tiempos) evoca a los años ’70, no a la década del ’90 (nefasta con sus atentados, sus negociados, sus crímenes mafiosos, su sistema de corrupción, su descalabro social y económico y tantísimos otros etcéteras); decenio que, casi que pasa inadvertido en muchas cosas.

No existe ahí “verdad, justicia y memoria” para los culpables de tantas tropelías.

Hoy la causa AMIA se encuentra estancada en una instrucción sin salida.

Todos: jueces, fiscales y querella –amén del gobierno que apoya sin chistar la teoría de la Justicia- esperando sentados que un grupo de iraníes se dignen a entregarse. Sabedores de ante mano que nunca lo van a hacer, calman con el reclamo internacional, la consciencia de justicia.-

Mientras tanto la memoria de 85 víctimas fatales y tantas otras personas afectadas, así como toda una nación, siguen –seguimos- reclamando Justicia.

Resulta paradójico que el discurso oficial de “Memoria, Juicio y Castigo a los culpables” refiera casi exclusivamente a los actores de la década del ’70 y no alcance a hechos más recientes e igualmente graves en muchos casos, ocurridos durante los años ’90.

¿Por qué será? Voy a hacer una conjetura: resulta obvio que es mucho más fácil entrometerse con nefastos personales de otrora, muchos hoy en agonía o al borde de la muerte, que ya no cuentan con ningún apoyo sustancial en lo político, militar, económico o social, que con otros, cuya participación en el pasado más reciente, puede perturbar la paz con que cuentan actualmente ciertas personas, algunas de las cuales están hoy en funciones.

Nadie duda, por ejemplo, que las causas de Derechos Humanos se van a resolver y los culpables –de vivir todavía- van a ser condenados (bien por ello –siempre hay que apresurarse a aclarar, ¿no?- realmente me siento orgulloso de pertenecer a un país que salde así su pasado).

Con la AMIA no tengo la misma esperanza, dado que muchos de sus protagonistas todavía gozan –en términos de poder- de buena salud y entrometerse con ellos implicaría revolver el propio pasado reciente de muchos de los poderosos de turno.



EL DISCURSO OFICIAL (de ayer y de hoy, de Menen hasta los Kirchner): Irán fue el responsable:

Según el periodista e investigador Gabriel Levinas , no había terminado de diseminarse el polvo de la explosión, cuando ya la policía había instalado la versión de un coche bomba, con un conductor suicida al volante.

Para ello se valió del testimonio de Nicolasa Romero , quien aseguró primero (y empezó a dudar después), que vio pasar por la esquina de calle Tucumán y Pasteur a una Trafic blanca, al comando de una persona de rasgos árabes. Su hermana que la acompañaba, no vio lo mismo y nunca pudo asegurar que por ahí pasó una Trafic color blanco. Nicolasa (dato llamativo: quien en esa época era enfermera de un hospital, bajo al dependencia de la Policía Federal) iba junto con su hijo, camino al jardín de infantes donde tenía que dejar al pequeño. Relata que al querer bajar al asfalto de calle Tucumán (intersección con Pasteur, calle de la AMIA), debieron ascender rápidamente a la vereda otra vez, dado que la camioneta en cuestión casi los atropella a los tres (a Nicolasa, su hijo y su hermana). Ahí en ese instante vio –mientras bajaba, subía retrocediendo sobre sus pasos, teniendo de la mano a su hijo de cuatro años- que pasaba un coche, que era una camioneta marca Renault, que era modelo Trafic y de color blanco o claro y que estaba conducida por una persona de “rasgos árabes”.

Con tal capacidad, Nicolasa definitivamente tendría que haber ocupado un cargo jerárquico en los servicios de inteligencia argentinos.

Levinas cuenta que Nicolasa al ser llamada otra vez a dar testimonio en la instrucción de la causa, a pedido de la querella para que explique ciertos puntos dudosos de su declaración, terminó confesando que la policía la había presionado para que declare de aquella forma. En dicha ocasión, rompió en llanto y el bueno del Juez Galeano (juez al que en dicha época pocos cuestionaban) dio por terminada la audiencia “por razones de humanidad”. Por muchísimo tiempo más no fue llamada declarar .

Diseminados en la escena, se encontraron restos de una camioneta. Los mismos, según informe del fabricante, pertenecían a dos tipos de Trafic: Una modelo furgón “corto” y otra de los denominados “largo” o de carga, sin que pueda –según lo informaron- un mismo vehículo funcionar con partes de una y otra (p.ej. no podría andar con un paquete de elásticos grandes y con otro chico, como se encontró en la zona).

También del informe del fabricante que se elevó al Juzgado en contestación de un oficio, se desprende –entre otras circunstancias- que ninguna de las piezas de la Trafic encontrada estuvo sometida a temperatura sostenida y que la bomba de nafta encontrada no había sido usada, dado que nunca había pasado combustible por su interior.

¿Entonces cómo llegó hasta el lugar del atentado?

Jorge Lanata cuenta que las actas de secuestro de las piezas no se encuentran firmadas por funcionario alguno y Levinas asegura que la mayoría de las partes de vehículo (o vehículos) fueron halladas de noche y siempre con los mismos testigos figurando en las actuaciones .

Eso sí, como un gangster improvisado que sale a cometer sus asesinatos llevando consigo su documento de identidad, el Bloque hallado del rodado sindicado como coche/bomba, tenía intacto el número de motor .

La teoría oficial –desde Menem hasta Kirchner- no se ha movido un milímetro: Hubo un coche bomba, hubo una Renault Trafic que, dobló por calle Pasteur, subió a la vereda e hizo detonar la carga explosiva que llevaba dentro, rodado que manejaba un conductor suicida de rasgos árabes.

Ninguna otra conjetura se le ocurrió a la Justicia argentina ni tampoco a los sucesivos gobiernos, desde 1994 a la fecha.

¿Ninguna?



(continuará)

No hay comentarios: